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LA CONTEMPLACIÓN EN LA VIDA ORDINARIA PDF Imprimir E-mail
Escrito por Redacción   
Lunes, 29 de Noviembre de 1999 19:00
"Dios quiere pasar por la vida del hombre, pero éste muchas veces no está capacitado para que Dios pase". Nicolás Caballero CMF LA ORACIÓN EN LA VIDA DE UNA PERSONA Toda persona en el fondo es "misterio" porque salió de Dios y por eso su respuesta existencial sólo la puede encontrar en el contacto con Dios en la oración. La oración no es algo gratuito, sino una necesidad de la persona que se pregunta ¿Quién soy yo?. Nosotros no conocemos las reconditeces de nuestra alma; la psicología no nos las puede revelar porque es incapaz de penetrar hasta la profundidad de nuestro misterio. El conocimiento profundo de nosotros mismos sólo nos lo puede dar la vida interior por la que podemos llegar a las raíces de nuestra persona y a ésta se llega solamente a través de la oración cuando hacemos de la fe un modo de caminar en lo cotidiano. La oración no se nos puede enseñar, porque la oración es un "Don" del Espíritu; pero sí se nos puede enseñar cómo abrirnos al Espíritu de Dios. Muchas veces no llegamos a ser personas contemplativas porque no sabemos cómo llegar a serlo; estamos tan estructuradas que Dios no cabe en nuestras estructuras. Nos estamos defendiendo de Dios a través de nuestras mismas estructuras mentales y no le permitimos la entrada al interior de nuestra persona. Desgraciadamente es la mente la que nos crea todos los problemas. Hay mucha gente que ora pero hay pocos orantes. Para ser orantes hay que aprender a "callar" y a "acallar" y a ese silencio que nos introduce en nuestra propia realidad, le tememos. No queremos entrar en la hondura de la corriente porque nos asusta, nos compromete. La felicidad nace de dentro, no la podemos buscar por fuera. En el fondo toda persona es felicidad, Dios nos ha creado para ser felices, pero nuestras mismas estructuras nos complican la existencia y nos envuelven en una telaraña que nos impide la libertad del espíritu. Dios, en la oración, destruye esas ataduras de nuestra personalidad. Él busca en nosotras esa creatura que salió de sus manos y que a través de la vida hemos deformado. Yo no soy quien creo ser, Soy la persona que Dios creó, a quien Dios busca, soy la creatura que salió de sus manos. Esa situación de búsqueda de nuestro ser original nos lleva en lo profundo a vivir una "nostalgia de Dios" que muchas veces queremos superar con el activismo, con el ruido, con el desenfreno de nuestras pasiones. Tengo que estar convencida que soy "una experiencia de Dios" Una creatura amada por Dios, creada por Dios para ser feliz. Si estoy convencida de ésto, desaparecerá de mi todo sentimiento de infelicidad y de baja estima, tan frecuente en la actuialidad. El primer recurso para comenzar a orar es, en términos de Santa Teresa de Jesús: "sosegar la propia casa". La afectividad es el mayor componente que dificulta o facilita la vida interior. Debemos aprender a sentarnos y a atender a nuestra propia alma. Sosegar la propia casa es mucho más que relajarse; sosegar la propia casa es darle paz a nuestra mente, a nuestro cuerpo, a nuestra afectividad; es aprender a crear el camino del abandono en la voluntad de Dios; es descansar en Dios. No sabemos descansar, llenamos el tiempo dedicado a la oración de "tiliches" o bien, nos dormimos. Uno comienza a vivir la oración despojándose de sí mismo y entregándose a Dios. No cansa tanto el trabajo físico como el emocional, y aún nuestras situaciones emocionales debemos aprender a entregarlas a Dios. Él más que nadie nos conoce y nos ama. Alguien dijo que "La solución de los problemas sin solución es aceptar el problema". Desgaciadamente vivimos creándonos conflictos que no aceptamos. S.S. Pablo VI llama a la oración "El vértice de la Iglesia" y pide conducir a las personas a que se encuentren cara a cara con su Padre Dios. SS. Juan Pablo II nos dice que "no hay forma de cambio personal ni social sin la oración". Al final de nuestra vida todo lo veremos con los "ojos de Dios" tan diferentes de los nuestros. No esperemos a ese momento para convencernos que Dios nos espera cada día para una intimidad profunda. Confiemos ya desde ahora en su amor y permitámosle la entrada en nuestra vida.
Última actualización el Miércoles, 14 de Abril de 2010 17:59